| Corredor de la muerte para migrantes |
| 07/27/10 |
Fuente: Milenio
Luego de revisar que no hay serpientes ocultas en el polvo, Mike Wilson descarga una decena de bidones de agua de una vieja camioneta pick up, destartalada por el paso de los años.
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Después de decir una plegaria, coloca el agua en medio del desierto en forma de cruz. Es para cualquier migrante sediento que cruce hacia Estados Unidos desde México. “Nadie merece morir por no tener un vaso con agua”, dice. “No aquí, no en nuestras tierras”.
Wilson es integrante de la tribu Tohono O’odham —traducido como “Gente del desierto”—, un grupo indígena que ha hecho de los valles desérticos del sur de Arizona y el norte de Sonora su hogar durante los últimos mil años y en cuya reserva, enclavada en el corazón del desierto del Sásabe, han muerto entre 400 y 800 migrantes en la reciente década.
Por su aridez, alta población de serpientes de cascabel y distancia de cualquier centro habitacional, la reserva se ha ganado el mote de “corredor de la muerte”. Es el punto más peligroso —y socorrido—para cruzar clandestinamente desde México a Estados Unidos, con quizá hasta mil diarios, de acuerdo con cálculos de la Patrulla Fronteriza.
Aunque 400 cadáveres han sido encontrados en tierras tribales desde 2000, la organización humanitaria Fronteras Compasivas calcula que decenas de cuerpos de migrantes permanecen perdidos aquí, abandonados para siempre en zonas a las que sólo tienen permiso para ingresar integrantes de los Tohono O’odham.
“Los Tohono O’odham tenemos una responsabilidad moral con estos migrantes”, señala Wilson, uno de los pocos activistas humanitarios de la nación indígena. “No podemos permitir que tantas personas sigan muriendo en el desierto. Pero el gobierno tribal no quiere asumir ninguna carga. Prefiere ignorar tanta muerte y sufrimiento en el desierto”. |
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